Cómo gestionar al saboteador interno, cambiar hábitos y conseguir la excelencia

Cómo gestionar al saboteador interno, cambiar hábitos y conseguir la excelencia

Al inicio de una actividad que traerá consigo cambios a nuestra vida, surgen naturalmente miedos y dudas que, si no aprendemos a gestionarlos bien, podrían acabar por sabotear nuestros planes para progresar. Ante el concepto de saboteador interno nos viene a la mente la típica imagen del pequeño diablillo acomodado en uno de nuestros hombros, susurrándonos excusas para no hacer. Mientras, el angelito en el hombro opuesto, nos arenga a pararnos sobre nuestros pies y empezar a caminar. Se presenta entonces una dicotomía, dos partes que conviven dentro de nosotros y que parecen querer cosas contrarias. Al banquillo los comportamientos que generamos a partir de esta dualidad. Hacer o no hacer. ¿Cuál de los dos tirará más fuerte de la cuerda?

Los comportamientos saboteadores pueden darse en ambos sentidos: aquello que quiero hacer pero no hago; y aquello que no quiero hacer pero lo hago. ¿Qué es lo que hay detrás de esto? ¿Qué será lo que nos hace actuar así? Parte de la respuesta está en lo que estamos pensando o sintiendo durante el comportamiento. Una emoción que surge desde nuestra parte inconsciente podría estar condicionando el comportamiento que nos ocupa. Sea miedo, ira o indiferencia; la raíz de la reacción negativa ha de ser identificada y definida para poder controlarla. Las bases ocultas también pueden estar en nuestro sistema de creencias, la cultura, la educación, el entorno. La parte consciente es la racional, la que sabe que debo hacerlo. Pero has de saber que la parte inconsciente también busca algo bueno para ti. ¿Cómo? Tu dualidad interna no esta tratando de desquiciarte, sino de crear una fricción que te lleve a una acción resultante que sea positiva para ti. Por ejemplo: mientras la parte consciente te insta a que te lances a una piscina que no sabes si está del todo llena, tu parte inconsciente te hace dudar solo porque está programada para protegerte. Y esto lo interpretamos como un comportamiento saboteador.

 

Veamos por qué actúa así el pequeño saboteador:

-Hábito: algo tan simple como un automatismo. Los seres humanos podemos alcanzar niveles de inconsciencia que nos hacen parecer poco más que máquinas. Aquí el cambio pasará por tomar consciencia del automatismo y empezar a hacerlo diferente. Cuanto más creativas las formas nuevas de hacer, mejor.

-Comodidad: “Si no siento que eso me compensa, no lo voy a hacer”. La tentación del sofá puede ser a veces ardua de ignorar. Dar el primer paso hacia la acción, a pesar de la apariencia inicial de poca proyección, es un acto de voluntad digno del héroe que llevas dentro. Busca la manera de sacarlo.

-Por miedo: para evitar la posibilidad de frustrarme. “Si no me arriesgo no gano, pero tampoco pierdo”. Aquí hay un claro problema de autoestima. El cambio pasará por desarrollar una actitud de: “si lo intento y fracaso no dañara mi autoestima (me creo capaz)”. Sé persistente. ¿Estás dispuesto?

-Culpabilidad: “No lo hago porque en el fondo creo que no lo merezco”. ¿Sientes que mereces lo que quieres obtener? ¿Tienes derecho a tener éxito? Necesitamos CREER que merecemos conseguirlo. Si por el momento no puedes, no pasa nada, intenta cambiando el objetivo.

-Pérdidas: Conseguir algo significa perder otra cosa, muchas veces las facturas se pagan con tiempo. ¿Vas a ponerte en el papel de víctima? Si sientes que lo que pierdes es mayor que lo que ganas , te boicoteas. Establece bien tus prioridades y cuánto estás dispuesto a ceder.

-Necesidad no satisfecha: a veces el sabotaje es para cubrir una necesidad, como puede ser preservar la autoestima, o no frustrarte. Genera opciones que cubran la necesidad. Busca las raíces de los miedos, y una técnica efectiva para aumentar tu autoestima.

 

Algunas técnicas para cambiar hábitos 

Un nuevo hábito tarda 21días en adquirirse, ¿qué hábito vale realmente la pena instaurar?

La cabeza no sabe manejar muy bien el “a veces”, entiende mejor el “siempre” o el “nunca”. Si la construcción del hábito es diaria, será más fácil.
El final de la semana es crítico, baja el nivel de tensión. Estar más alerta.
A partir del décimo día empieza a hacerse más fácil. Ten paciencia. Voluntad.
Hay que saber recompensarse. Cuando consigas algo, cada vez que tengas un plazo acabado: premio (super importante).
Instaurar hábitos nuevos, asociándolos a otros hábitos: “me pongo con los e-mails inmediatamente después de lavarme los dientes…”.
Repetición consciente; sustituirlo por otro; buscar algo incompatible al hábito que quiero eliminar…
Alternativas hay muchas, busca la que mejor te sirva, y recuerda: cuanto más creativas, mejor.

Después de leer el artículo estoy seguro de que te has dado cuenta que alguna vez te has sentido entre el angelito y el diablillo. Ahora tienes herramientas para gestionar mejor esta dualidad. Úsalas y ponte a prueba para ver como te transformas en la persona que deseas ser. Y por favor, no olvides compartir tu experiencia!

 

 

Imagen: Photopin

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Fernando Marchione

Formado en la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad, y especializado en Redacción Creativa (Buenos Aires 1999). Empezó trabajando para la televisión, escribiendo y editando guiones de serie para agencias independientes, en colaboración con amantes del cine/teatro. Luego tuvo la oportunidad de descubrir el mundo del coaching y las técnicas de desarrollo personal, formando parte del Instituto Latinoamericano del Emprendimiento Productivo. En la actualidad redacta contenidos para "EL OJO", el blog de la agencia Buencom.es, motivado por su visión más holística del marketing digital. Apasionado de la psicología y la sociología, ayuda con sus conocimientos y experiencia, aportando una guía a emprendedores actuales que buscan adaptarse a un mercado tan prometedor como desafiante.

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